En memoria de Kira

Imaginad que vuestro perro se despista. No sois capaces de encontrarlo. Anunciáis su pérdida, intentáis contactar con todo aquel que haya podido verlo, mil fotocopias de un cartel hecho con prisa recorren las calles.

Imaginad que la suerte no acompaña, va un paso por detrás y lo atropellan. Pensáis que os llamarán, que el chip hará que contacten con vosotros porque tiene un dueño esperándolo. Imaginad cuanto queráis porque la realidad no será ésa.
Si lo atropellan y resulta ser un 'obstáculo' en la carretera, 'algo' que hay que quitar, Conservación de Carreteras irá y lo echará a un lado, en la cuneta, igual que se apartan otras muchas 'cosas'. Nadie os llamará para deciros dónde está. Si lográis hablar con la persona que lo apartó, quizás tengáis suerte y os diga más o menos por dónde la dejó después de preguntar para qué queréis saberlo con insistencia. Si no lo lográis, llamaréis mil y una veces intentando dar con ese turno concreto que sabe dónde está vuestro perro. Igual no habrá suerte.
La realidad es que, si atropellan a vuestro perro, ellos no poseen lector de chip, no tienen la obligación de contactar con un veterinario, ni de avisaros, solo de apartarlo. La realidad es que ¿cuántos animales que no han vuelto han sido dejados en una cuneta? ¿Cuántos dueños siguen aun esperando?
Un país que tiene un mínimo respeto por sus animales no hace de las cunetas cementerios.
En memoria de Kira y de todos aquellos a los que aun buscan.

en memoria

Ahora la historia desgarradora de nuestra compañera:

El pasado jueves por la tarde, me encontraba, como cada día, paseando con mis perros por el campo, con tan mala suerte que Kira, mi niña, se despistó y acabó en la autovía. Su inocencia le jugó una muy mala pasada y al no saber esquivar los coches, acabó atropellada por uno de los que pasaba por allí. Al ser un perro grande y acabar en mitad de la autovía se llamó a los de mantenimiento en carretera para que se hicieran cargo de su cuerpecito ya que podía causar un accidente. Se apersonaron al lugar y efectivamente la apartaron de la carretera y la dejaron en la cuneta, sin más, sin cerciorarse si tenía chip o no, si alguien la estaba buscando, si era una perra robada, etc. Todo esto ocurrió el mismo día, en cuestión de minutos. 
Yo ajena a todo esto, no paré de buscar a mi niña ni un solo segundo, por cielo y tierra, en coche, a pié, sin voz al segundo día de tanto gritar su nombre. Se hicieron carteles, se dio aviso al veterinario para que notificara que estaba perdida en su chip, PORQUE TENÍA CHIP Y SE NOTIFICÓ DE SU PERDIDA. 
La noche del sábado recibí una llamada que nunca me imaginé que recibiría, alguien, por suerte (dentro de lo que cabe), vio como atropellaron a mi niña, me dijo como ocurrió todo y me dijo el sitio exacto de donde había sucedido todo, pero me dijo que su cuerpo ya no estaba ahí. Se me vino el mundo encima, me derrumbé, pero saqué fuerzas (ayudada por mis amigos) para averiguar donde estaba, llamamos a la guardia civil y a mantenimiento en carretera y pudimos hablar con la persona que apartó a mi niña a la cuneta, se le preguntó si le pasó el lector de chip y su respuesta fue que eso no era trabajo de ellos, que no disponían de lector de chip para pasarlo a cuanto animal apartan de la carretera, que su trabajo es apartar al animal de la carretera para que no es estorbe ni suponga un peligro y lo hacen tirándolos a la cuneta. 
Esa misma noche fuimos a buscarla para sacarla de allí, rotos de dolor, pero no dimos con ella al estar todo muy oscuro. Al día siguiente emprendimos otra vez la búsqueda y después de un buen rato recorriendo a pie el arcén donde nos dijeron que la tiraron la encontramos, ahí estaba, tendida entre la maleza de aquella cuneta. Como si de nadie fuera, como si nadie estuviera buscándola por cielo y tierra, como si a nadie le importara, siendo ella mi mundo.

Os he querido contar esto porque creo importante, que si algún día os veis en la situación de perder a alguno de vuestros animales, no os confiéis de que al tener chip os llamarán si los encuentran vivos o muertos. 
Mi suerte no ha podido ser peor, ya que hoy mi niña, mi vaquita, no está a mi lado, pero sí he tenido la suerte de poder cerrar el desconsuelo de tenerlos perdidos, de no saber donde están, si bien, si mal, si heridos, etc, he podido llorarla y despedirme y no gracias a los operarios que la recogieron y la tiraron a la cuneta, sino por la llamada de quien vio como se llevaron su vida.

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